FUNDAMENTOS APOSTÓLICOS: EL ARREPENTIMIENTO

Los fundamentos apostólicos son los cimentos o bases para la edificación de la Iglesia de Cristo. Son principios del Reino de Dios. Sin estos fundamentos establecidos por los apóstoles y profetas la iglesia sería como una casa fundada o cimentada sobre la arena movediza y no sobre la Roca, que es Cristo.

Uno de los fundamentos apostólicos de la Iglesia, es el arrepentimiento, y este a su vez, repito, es un principio del Reino de Dios.

Juan el Bautista, cuando comenzó su ministerio, predicó sobre el arrepentimiento. En Mateo 3:2 leemos: “En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.”

Luego Jesucristo también habló sobre el arrepentimiento. Lo vemos registrado en Marcos 1:14-15: “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.”

Cuando la Iglesia se estableció el día de Pentecostés se introdujo el principio del arrepentimiento. Hechos 2:38 dice: “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

¿Qué significa prácticamente la palabra “arrepentimiento”?
Muchos confunden compungimiento con arrepentimiento. El compungimiento es cuando alguien hizo algo malo y siente en su interior la culpa por lo que hizo, pero el arrepentimiento es otra cosa diferente, como se detalla a continuación:

1. El arrepentimiento implica un cambio de actitud (Marcos 1:14-15)
Es un cambio de actitud hacia Dios y no meramente arrepentirse de “cosas malas” que hemos hecho. Es un cambio interior de actitud: Antes vivía la vida en rebeldía, haciendo lo que se me daba la gana y sin tener en cuenta a Dios, pero ahora decido someterme voluntariamente y sumisamente a Cristo en todo y vivir dependiendo de él.

El arrepentimiento es el hacha que tala, corta de raíz lo malo para colocar en su lugar los nuevos cimientos o fundamentos (raíz) del Reino de Dios (Mateo 3:10; 7:19).

2. El arrepentimiento significa trasladarse de poder de las tinieblas al reino de Jesucristo (Colosenses 1:13)
El lema del reino de tinieblas es “vivir como yo quiero y me parece, haciendo lo que me da la gana”, pero ahora viviendo en reino de Jesucristo decidimos vivir como él quiere.

3) El arrepentimiento significa también negarse a si mismo (Marcos 8:34-36)
Ya no más soy yo el centro de la vida, sino Jesucristo. Ya no vivo más para mi sino para él y por él. Esto define al verdadero discípulo de Cristo de un religioso y un increédulo.

El incrédulo tiene en el centro de su vida a su ego, “el yo” donde toda la vida gira en torno a si mismo. El religioso tiene a Cristo, pero no en el centro de su corazón, de su ser. Jesucristo es algo más de su vida pero no el centro de su vida. En cambio el verdadero discípulo, creyente en Cristo es el que en el trono de su vida, en su corazón, tiene a Jesucristo entronizado.

4) El arrepentimiento significa además renunciar a todo lo que uno posee (Lucas 14:25-33)
Esto significa vivir la vida aferrado solo del Señor y no aferrarse a nada (cosas) ni a nadie (personas), significa vivir la vida cada día tomando la cruz (que puede implicar sufrir o padecer por la causa de Cristo).

¿Se da cuenta todo lo que significa e implica la palabra “arrepentimiento”?

Al ver nuestro “cristianismo moderno”, ¡cuesta encontrar cristianos que apliquen estos principios! ¡A lo mejor conocemos cristianos de años que todavía no han asimilado ni practicado estos conceptos del Reino de Dios, estos conceptos apostólicos (sería conveniente pensar principalmente en nosotros antes de buscar defectos en los demás, ¿no le parece?)!

Para la Iglesia Primitiva estos principios eran el “ABC”, es decir, lo mínimo, básico e inicial para empezar a vivir como Cristiano. Por esto, entre otras cosas, la Iglesia Primitiva era una Iglesia donde el Señor hacia milagros y maravilas e impactaba a la sociedad que le rodeaba por la calidad de vida de sus integrantes.

Dios quiere restaurar a Su Iglesia al patrón original, y para que eso suceda debemos examinar cuáles son nuestros fundamentos, a ver si coinciden con los fundamentos apostólicos.