VIVIENDO BAJO LA BENDICION DE DIOS – Lección 3 –

3.
MI DECISIÓN PÚBLICA POR CRISTO

A partir del momento que hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador personal, llegamos a ser hijos de Dios (Juan 1:12).

Muchas personas reciben a Cristo a solas en el hogar o públicamente durante las reuniones de la iglesia.
La decisión por Cristo es personal, privada y a la vez debe ser pública. Nadie que haya aceptado realmente a Cristo en privado lo niega en público. Una cosa lleva a la otra.

Una de las cosas que podemos llegar a enfrentar luego de entregar nuestra vida a Cristo es la burla o el menosprecio de nuestros familiares y amigos cuando les contamos nuestra experiencia espiritual. Ellos al no poder entender espiritualmente las cosas de Dios, generalmente las malinterpretan y piensan que nos hemos metido en “algo extraño” o en una secta.

La Biblia dice en Mateo 10:32-33 “a cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres (en público), yo también le confesaré delante de mi padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres (en público), yo también le negaré…”. (Leer también 2 Timoteo 2:12)

No debemos sentir temor de compartir lo hermoso que Cristo hizo en nuestras vidas a los demás. ¡No hay dinero en el mundo que pueda pagar la salvación, la paz y el perdón de los pecados que encontramos en Cristo!

Mucha gente no va a comprender nuestra decisión por Cristo diciendo que “nos metimos en una secta o algo falso”, pero es allí donde tu fe tiene que estar más firme que nunca creyendo en Cristo. El diablo quiere desalentarte para que abandones el Camino de la Salvación.
La pregunta que todos se hacen es: ¿Por qué estoy sufriendo el desprecio, la burla de mis amigos y familiares si lo que hice es correcto y agradable a los ojos de Dios?

La respuesta es que cuando una persona acepta a Cristo, ha sido rescatada del reino de las tinieblas donde gobierna Satanás (Lee Colosenses 1:13-14). Ya el enemigo no tiene más autoridad sobre nuestras vidas. La Biblia afirma en Juan 10:10 “El ladrón (el diablo) no viene sino para hurtar, matar y destruir; yo (Jesús) he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Lo que hace el diablo es llenarle la cabeza de mentiras a la gente que nos rodea para que nos convenzan que estamos “equivocados”. Si hacemos caso a esos “consejos”,
volveremos a estar bajo las garras del enemigo.

Si tuvieras problemas con tus familiares, amigos o compañeros de trabajo por ser cristiano, no debes enojarte y pelear con ellos sino orar a Dios para que ellos también puedan tener a Cristo como Tú. Ellos necesitan a Cristo tanto como lo has necesitado tú antes de venir a sus pies. La salvación está disponible para todos.

Lamentablemente muchos que han hecho una genuina decisión por Cristo, para no perder su reputación o buen nombre se alejan del Camino de la Salvación y vuelven al reino de la maldición con sus posteriores consecuencias. Nada se compara con estar del lado de Cristo.

Como cristiano, debes mantener puestos tus ojos en Cristo, sabiendo que has abrazado el Camino de verdad que te lleva a la vida plena. La Biblia dice en Hebreos 12:1-2 “… despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”
Decide correr la carrera cristiana sin parar hasta el final. De esa manera tu vida obtendrá grandes bendiciones.

Lee Mateo 10:22, allí se nos anima a perseverar hasta el fin sin bajar los brazos. Si lo hacemos recibiremos un premio de parte del Señor. 1 Corintios 9:24 dice “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis”

Este pasaje se refiere a una carrera de velocidad o resistencia donde muchos corren pero solo uno se lleva la medalla de oro. Esa es la manera que debemos correr nuestra vida cristiana: Sin parar ni detenernos, aunque los demás se burlen de nosotros o nos abandonen cuidemos la salvación gloriosa que hemos recibido del Señor.

Nunca sientas vergüenza del paso que has dado, pues lo que has hecho es el plan precioso y bendito de Dios para tu vida. Como alguien dijo “No hay ninguna vergüenza por seguir a Cristo. En realidad es una vergüenza no seguirlo”. ¡Decide seguir fiel en el Camino del Señor y ser parte del Reino de los vencedores y valientes! ¡El mayor bendecido seras tú.